Jóvenes + networking

Los jóvenes utilizan Instagram, TikTok, WhatsApp, Canva, herramientas de inteligencia artificial y todo tipo de plataformas digitales con una naturalidad que muchas veces sorprende a los adultos.

Saben crear contenido. Saben buscar información. Saben manejar aplicaciones nuevas casi de forma intuitiva.

Pero hay una pregunta diferente que merece la pena plantearles:

¿Sabrían explicar en Internet quiénes son profesionalmente, qué saben hacer y qué pueden aportar?

Porque desenvolverse con soltura en las redes sociales no significa necesariamente saber gestionar una identidad digital ni construir una futura marca personal.

Y esta diferencia adquiere cada vez más importancia.

La presencia digital comienza mucho antes de enviar el primer currículum, realizar una entrevista de trabajo o entrar por primera vez en una empresa. Por eso, quizá deberíamos empezar a preparar a los futuros profesionales no solo para incorporarse al mercado laboral, sino también para entender cómo quieren hacerse visibles dentro de él.

La identidad profesional empieza antes del primer empleo

Cuando hablamos de huella digital con adolescentes y jóvenes, muchas veces lo hacemos desde el miedo.

“Ten cuidado con lo que publicas.”

“Las empresas pueden mirar tus redes.”

“Una fotografía puede perjudicarte en el futuro.”

Por supuesto que debemos hablar de privacidad, seguridad, responsabilidad y consecuencias. Pero reducir la educación digital a una sucesión de advertencias sería quedarnos solo con una parte del problema.

La presencia digital también puede convertirse en una oportunidad.

Un proyecto realizado durante los estudios, una actividad de voluntariado, una colaboración, una experiencia de prácticas, una reflexión sobre algo que están aprendiendo o la participación en una iniciativa empresarial también van construyendo identidad.

De hecho, el marco europeo de competencias digitales DigComp 3.0 incluye expresamente la gestión de la identidad digital dentro de las competencias necesarias para desenvolverse en la sociedad actual.

Habla de gestionar nuestra presencia, proteger nuestra reputación digital y comprender la huella que generamos mediante plataformas y servicios digitales. Además, su última actualización integra las competencias relacionadas con la inteligencia artificial de forma transversal.

Por tanto, trabajar la identidad digital con los jóvenes no significa enseñarles marketing.

Significa ayudarles a comprender que lo que hacen, dicen, comparten y construyen en los entornos digitales también comunica quiénes son.

Estar en Internet no significa saber hacerse visible profesionalmente

Aquí encuentro una diferencia especialmente importante.

Podemos tener mucha presencia digital y muy poca visibilidad profesional.

Un estudiante puede utilizar redes sociales varias horas al día y, sin embargo, tener dificultades para responder preguntas aparentemente sencillas:

¿Qué sabes hacer?

No únicamente qué estás estudiando.

¿Qué conocimientos has adquirido? ¿En qué proyectos has participado? ¿Qué herramientas sabes utilizar? ¿Qué problemas sabes resolver?

¿Qué puedes aportar?

Esta pregunta exige empezar a traducir formación y experiencias en competencias.

¿Qué quieres que se asocie a tu nombre?

Todavía no hablamos necesariamente de una profesión concreta. Podemos hablar de intereses, valores, capacidades, curiosidad, creatividad, tecnología, comunicación, deporte, ciencia o emprendimiento.

¿Cómo explicarías todo eso a alguien que no te conoce?

Aquí comienza una competencia que será fundamental durante toda su vida profesional: aprender a comunicar el propio valor sin inventarlo ni exagerarlo.

Y eso también es marca personal.

No entendida como “venderse”, sino como aprender a conocerse, expresarse y generar una percepción coherente con lo que realmente somos capaces de aportar.

Preparamos a los jóvenes para elegir estudios, pero también debemos acercarlos al mundo profesional

La orientación académico-profesional está evolucionando y existen proyectos muy interesantes que están acercando la realidad de las empresas a las aulas.

La OCDE viene alertando de una considerable incertidumbre profesional entre los adolescentes.

Su informe The State of Global Teenage Career Preparation, elaborado a partir de datos PISA de más de 80 países y economías, señala que los estudiantes que participan más en actividades de desarrollo profesional tienden a mostrar planes profesionales más claros y mejores resultados posteriores en el empleo.

En España encontramos iniciativas como Xcelence Aragón – Empresas que Inspiran, impulsada por Fundación Ibercaja, Gobierno de Aragón y Fundación Bertelsmann.

En su cuarta edición reúne a 39 centros educativos y 53 empresas y entidades, que ponen a disposición de los centros 168 actividades para que el alumnado conozca profesiones, sectores y entornos empresariales a través de talleres, visitas, charlas y experiencias directas.

Este tipo de programas representan un avance muy importante.

Pero creo que podemos plantearnos un paso adicional.

Acercar la empresa al estudiante es fundamental. También tenemos que preparar al estudiante para saber presentarse cuando llegue a esa empresa.

Y no me refiero únicamente a preparar una entrevista.

Me refiero a que sepa identificar sus capacidades, explicarlas, relacionarse profesionalmente y utilizar los entornos digitales para aprender, conectar y generar oportunidades.

Dos estudiantes, una misma formación y una diferencia importante

Imaginemos a dos estudiantes que terminan el mismo ciclo de Formación Profesional.

Tienen una formación similar y ambos quieren comenzar a trabajar.

El primero prepara su currículum y comienza a enviarlo.

El segundo también prepara su currículum, pero durante los últimos meses ha documentado un proyecto realizado durante sus estudios, sigue a empresas y profesionales de su sector, conoce qué perfiles se demandan, ha empezado a participar con criterio en algunas conversaciones profesionales y sabe explicar qué ha aprendido y qué quiere seguir desarrollando.

¿Significa eso que el segundo sea mejor profesional? No.

Significa algo diferente:

está facilitando que los demás comprendan qué puede aportar.

Eso es visibilidad profesional.

Y creo que deberíamos ayudar a los futuros profesionales a entender esta diferencia.

LinkedIn debería aparecer antes del día en que necesitamos trabajo

Aquí LinkedIn puede desempeñar un papel especialmente interesante.

No porque todo adolescente tenga que abrir mañana un perfil ni porque debamos convertir las redes profesionales en una nueva obligación.

El valor está en comprender que una red profesional sirve para mucho más que buscar ofertas de empleo.

Puede permitirles descubrir empresas, explorar sectores que desconocen, seguir a profesionales que les sirven de referencia, conocer nuevas profesiones, compartir proyectos y comenzar progresivamente a crear relaciones.

Una investigación publicada por LinkedIn en septiembre de 2026, realizada entre más de 18.000 profesionales, encontró que el 72 % de los profesionales Gen Z encuestados se sentía desconectado de personas que podrían ayudarles en su carrera. Además, el 64 % afirmaba que nadie le había enseñado claramente cómo construir relaciones profesionales.

Conviene señalar que estamos hablando de profesionales Gen Z adultos, no de adolescentes.

Pero precisamente ese dato debería hacernos reflexionar.

¿Podríamos empezar antes a enseñar cómo se construye una relación profesional?

No para conseguir trabajo inmediatamente.

Para aprender a escuchar, preguntar, participar, aportar y relacionarse.

La red profesional no empieza el día que necesitamos utilizarla.

Se construye mucho antes.

La inteligencia artificial también puede ayudar, si enseñamos a utilizarla con rigor y con una utilidad clara

La IA introduce otra oportunidad enorme en este proceso.

Un estudiante puede utilizarla para explorar profesiones que no conoce, identificar competencias desarrolladas durante un proyecto, preparar una presentación profesional, practicar una entrevista, comprender mejor una oferta de empleo o recibir ayuda para estructurar un perfil.

Pero aquí introduciría una condición fundamental.

La inteligencia artificial puede ayudarte a expresar mejor quién eres. No debería inventar quién eres.

Si utilizamos una herramienta para crear un currículum perfecto lleno de capacidades que no poseemos o para generar publicaciones que no reflejan nuestros conocimientos, estaremos construyendo una identidad profesional artificial.

El objetivo educativo debería ser exactamente el contrario.

Utilizar la IA como herramienta de reflexión, aprendizaje y comunicación, manteniendo siempre el pensamiento crítico, la autenticidad y el criterio personal.

De usuarios digitales a futuros profesionales

Creo que aquí está uno de los grandes retos.

Durante años hemos trabajado para mejorar las competencias digitales de los jóvenes.

Ahora debemos dar un paso más.

No basta con saber utilizar herramientas.

Necesitamos ayudarles a comprender para qué utilizarlas.

Una futura preparación profesional podría integrar progresivamente aspectos como:

  • autoconocimiento y detección de capacidades;
  • identidad y reputación digital;
  • comunicación profesional;
  • networking y creación de relaciones;
  • uso de LinkedIn y otros entornos profesionales;
  • inteligencia artificial aplicada al aprendizaje y la empleabilidad;
  • privacidad, pensamiento crítico y responsabilidad digital.

No para convertir a los estudiantes en especialistas en marketing personal.

Sino para conseguir que lleguen al mundo profesional con algo más que conocimientos técnicos.

Con capacidad para comunicarlos y confianza para relacionarse.

Preparar para el empleo también es enseñar a comunicar lo que podemos aportar

La secuencia tradicional ha sido durante mucho tiempo bastante lineal:

estudiar, obtener una titulación, preparar un currículum y buscar empleo.

Hoy necesitamos incorporar nuevas capas.

Conocerse. Aprender. Experimentar. Comunicar. Relacionarse. Construir una identidad digital. Y empezar a generar una red profesional.

Nada de esto sustituye a una buena formación. La complementa.

Desde iLike 360 trabajamos desde hace años la marca personal, la comunicación, las redes sociales y, más recientemente, la inteligencia artificial aplicada.

Y cuanto más trabajamos estas áreas, más claro vemos que muchas de estas competencias no deberían aparecer únicamente cuando una persona ya está buscando empleo o tratando de reposicionarse profesionalmente.

Podemos empezar mucho antes.

No para fabricar una marca perfecta ni convertir cada experiencia en contenido.

Para conseguir que los futuros profesionales entiendan que su conocimiento tiene valor, que deben aprender a comunicarlo y que la tecnología puede ayudarles a hacerlo sin perder su propia identidad.

Los jóvenes ya están construyendo una identidad digital.

La cuestión no es si deberían hacerlo o no.

La cuestión es si vamos a ayudarles a construirla con conciencia, con propósito y de forma útil.